Deuda pública
La deuda de Estados Unidos supera los US$40 billones (US$40 trillion) y sus intereses ya cuestan más que la defensa
El registro del Tesoro cruzó el martes los US$40 billones (US$40 trillion), el doble que hace una década y dos años antes de lo proyectado. Solo en intereses, el Gobierno paga más de US$3.000 millones (US$3 billion) diarios: el año fiscal cerrará por primera vez por encima del billón de dólares (US$1 trillion), y la Oficina de Presupuesto del Congreso calcula que la cuenta anual llegará a US$2,1 billones (US$2.1 trillion) en 2036.
La deuda del Gobierno federal de Estados Unidos superó el martes los US$40 billones (US$40 trillion), según el Departamento del Tesoro. El último billón se acumuló en apenas cinco meses, y el hito llegó dos años antes de lo que la Oficina de Presupuesto del Congreso proyectaba en 2023. Sostener esa deuda costará este año fiscal más de US$1 billón (US$1 trillion) en intereses, una cifra récord que ya supera el gasto en defensa.
Para conseguir prestado, el Gobierno ofrece rendimientos que el bono a 30 años no pagaba desde 2007, y esos rendimientos son la referencia de las hipotecas, los préstamos de carro y el crédito de las empresas. Mientras los inversionistas exijan más por financiar al Tesoro, tomar un crédito de largo plazo en Estados Unidos seguirá caro, aunque la Reserva Federal no mueva su tasa.
La deuda del Gobierno federal de Estados Unidos superó el martes los US$40 billones (US$40 trillion), según el registro oficial del Departamento del Tesoro, que se publica con un día de rezago. Son cuarenta millones de millones de dólares: el doble que hace menos de una década. El último billón se acumuló en apenas cinco meses.
El hito llegó antes de lo que el propio Gobierno calculaba. En mayo de 2023, la Oficina de Presupuesto del Congreso (CBO) —la oficina técnica no partidista que hace las cuentas fiscales del Legislativo— proyectaba que la deuda cruzaría los US$40 billones en el año fiscal 2028. Ocurrió dos años antes, y sin una recesión ni una emergencia que lo explique: en los primeros diez meses del año fiscal 2026, que corre de octubre a septiembre, el Gobierno acumula un déficit de US$1,8 billones (US$1.8 trillion) porque sigue gastando bastante más de lo que recauda.
“En la trayectoria actual vamos a estar en US$50 billones (US$50 trillion) en apenas seis años. Si se mira hacia atrás, hace menos de diez años estábamos US$20 billones (US$20 trillion) por debajo”, dijo a CNN Michael Peterson, director ejecutivo de la Peterson Foundation, una fundación dedicada a advertir sobre la deuda pública. “Estamos poniendo en riesgo nuestra economía y el futuro del país”.
La cifra de US$40 billones incluye tanto los bonos en manos de inversionistas como lo que el Gobierno se debe a sí mismo entre sus propias cuentas, como los fondos del Seguro Social. La parte en manos del público equivale ya a cerca del 100% del tamaño de la economía, y la CBO proyecta que llegará al 120% del PIB en 2036, por encima del récord de la Segunda Guerra Mundial.
La cuenta de intereses: por primera vez, más de un billón de dólares (US$1 trillion) al año
Deber US$40 billones (US$40 trillion) cuesta dinero todos los días. Entre octubre y julio, el Gobierno pagó US$931.000 millones (US$931 billion) en intereses netos —más de US$3.000 millones (US$3 billion) diarios—, un 10,6% más que en el mismo periodo del año anterior, según el rastreador de la Peterson Foundation sobre datos del Tesoro. Cuando el año fiscal cierre el 30 de septiembre, la cuenta habrá superado por primera vez el billón de dólares (US$1 trillion): un récord.
Esa factura casi se triplicó desde 2020, cuando el Gobierno pagó US$345.000 millones (US$345 billion) en un mundo de tasas cercanas a cero. La explicación tiene dos partes que se refuerzan: la deuda creció, y la Reserva Federal subió las tasas desde 2022 para combatir la inflación de la pandemia, de modo que cada bono nuevo que el Tesoro emite para reemplazar a los viejos paga un interés mayor.
El tamaño de esa partida se entiende mejor por comparación. Los intereses ya le cuestan al Gobierno más que toda la defensa nacional y compiten con Medicare por el puesto de segundo gasto federal, solo detrás del Seguro Social, calculó Marc Goldwein, director de política del Comité para un Presupuesto Federal Responsable (CRFB), un centro de estudios que promueve la disciplina fiscal. También son, según sus cuentas, 50% más que todo lo que el Gobierno federal gasta en programas para la niñez.
“Estamos gastando bastante más en pagarle a la deuda pasada que en invertir en nuestro futuro”, dijo Goldwein a CNN. “Nuestra deuda engendra más deuda. Es un círculo vicioso”.
¿Qué se podría comprar con esos intereses?
Elige un periodo. Los montos salen de lo que el Tesoro pagó en intereses entre octubre y julio y de la proyección de la CBO para el año fiscal 2026 completo.
Intereses de un día: US$3.060 millones (US$3.06 billion)
Comparación de escala con cifras redondeadas, no un presupuesto. Intereses netos: Tesoro de EE. UU. (oct 2025–jul 2026) y proyección de la CBO para el año fiscal 2026. Precios de referencia: BMW 760i xDrive 2026 (precio de lista, Edmunds); lanzamiento de Falcon 9 (precio de lista de SpaceX, 2026); precio mediano de apartamentos en Manhattan (Douglas Elliman, 2025); precio mediano de vivienda usada en EE. UU. (National Association of Realtors, 2025).
Y la proyección oficial es que la cuenta siga creciendo. En sus perspectivas de febrero, la CBO calcula que los intereses netos pasarán de US$1 billón en 2026 a US$2,1 billones (US$2.1 trillion) anuales en 2036, y que la década completa sumará US$16,2 billones (US$16.2 trillion) solo en intereses. En proporción, esa partida pasaría del 3,3% al 4,6% del PIB y de 14% a casi 19% de todo el gasto federal: casi uno de cada cinco dólares del presupuesto se iría en pagarles a los acreedores antes de financiar cualquier programa.
Por qué crece tan rápido
La deuda no es un préstamo de un solo acreedor: son bonos del Tesoro en manos de fondos de retiro, bancos, la Reserva Federal e inversionistas extranjeros, y crece cada vez que el déficit anual obliga a emitir más.
Ese déficit tiene una parte estructural. La población envejece —cerca de 10.000 baby boomers se jubilan cada día— y vive más años, así que el Seguro Social y Medicare cuestan cada vez más, con menos trabajadores aportando por cada beneficiario.
La otra parte son decisiones del Congreso. En las últimas décadas se aprobaron paquetes que recortaron impuestos y aumentaron el gasto al mismo tiempo: la ley de recorte de impuestos de 2017 y la ley presupuestal de 2025 (la One Big Beautiful Bill Act), ambas bajo el presidente Donald Trump, y los paquetes de alivio de la pandemia bajo Trump y el expresidente Joe Biden. Según las proyecciones de la CBO, esas medidas añadirán billones de dólares a la deuda con el paso de los años.
El mecanismo que la lleva al bolsillo
El costo de la deuda no se queda en los libros del Gobierno. Se transmite por el mercado de bonos, la señal económica más difícil de manipular, y ahí las cifras de esta semana fueron elocuentes: el rendimiento del bono del Tesoro a 30 años tocó el martes su nivel más alto desde 2007, el de 10 años se negoció cerca de su máximo del segundo mandato de Trump, y una subasta de bonos a 30 años a comienzos de agosto pagó el rendimiento más alto desde 2001. En términos simples: los inversionistas están exigiendo más compensación por prestarle a un Gobierno cada vez más endeudado.
Ese rendimiento del bono a 10 años es la referencia sobre la que se fijan las hipotecas nuevas, los préstamos de carro y el crédito de las empresas. Cuando sube, el costo de tomar un crédito sube con él, aunque la Reserva Federal no haya movido su tasa. Y también sube el costo del propio Gobierno: cada punto adicional de rendimiento encarece los bonos con los que el Tesoro refinancia la deuda vieja, que es la forma en que el círculo se cierra.
“US$40 billones (US$40 trillion) de deuda no existen solo en los registros del Gobierno; se sienten en toda la economía y llegan de una forma u otra al bolsillo de la gente”, dijo en un comunicado Maya MacGuineas, presidenta del CRFB. “Cuanto más pedimos prestado, más alimentamos la inflación, más desplazamos otras prioridades del presupuesto y más vulnerables quedamos ante emergencias internas y turbulencias externas”.
La presión no es exclusivamente estadounidense, y ese matiz importa para no leer las cifras como una crisis inminente. Los bonos de Reino Unido, Francia, Alemania y Japón también se negocian en máximos de varios años, porque los inversionistas están cobrando más caro el gasto público en todo el mundo rico. Y del lado de los acreedores hay movimientos propios: Japón, el país que más le presta a Estados Unidos, subió sus tasas y tiene motivos para repatriar parte de ese ahorro.
Lo que se ha hecho — y lo que no
El Tesoro respondió el miércoles con un anuncio técnico: aumentará en los próximos meses las recompras de bonos de largo plazo, es decir, comprará de vuelta parte de su propia deuda vieja para sostener el precio de esos bonos y contener los rendimientos. Analistas citados por CNN lo leyeron como una señal de que al Gobierno le preocupa el nivel de las tasas largas y su efecto sobre las hipotecas.
Lo que no ha habido es una corrección de fondo. Jerome Powell, el expresidente de la Reserva Federal, repitió durante años que Estados Unidos está en una “trayectoria fiscal insostenible”, y en 2025 Moody’s le quitó al país su última calificación crediticia perfecta —aunque su deuda sigue un escalón por debajo de la nota máxima, por encima de la de Francia o Japón—. El Congreso, entre tanto, elevó el techo de la deuda en US$5 billones (US$5 trillion) como parte de la ley presupuestal de 2025, así que la próxima fecha que lo obligará a discutir el nivel de gasto llegaría apenas en algún momento de 2027.
Conviene también dimensionar el riesgo real. Estados Unidos emite deuda en su propia moneda y sus bonos siguen siendo el activo más comprado y vendido del mundo, de modo que el escenario que describen los analistas no es un impago súbito, sino un costo que crece año tras año y desplaza al resto del presupuesto: menos margen para programas, para emergencias y para invertir, y un crédito más caro para hogares y empresas mientras dure la presión sobre los rendimientos.
Qué mirar en los próximos meses
- El cierre del año fiscal, el 30 de septiembre. El Tesoro publicará el déficit y los intereses definitivos de 2026. Si los intereses superan el billón de dólares (US$1 trillion), como proyecta la CBO, será la confirmación oficial del récord; un déficit mayor al esperado indicaría que el ritmo hacia los US$50 billones (US$50 trillion) se está acelerando.
- Las subastas de bonos a 10 y 30 años. Son el termómetro de cuánto exigen los inversionistas por financiar al Gobierno. Si los rendimientos siguen subiendo pese a las recompras anunciadas, la presión se trasladará a las hipotecas y al crédito; si ceden, el costo de refinanciar la deuda deja de empeorar.
- Las decisiones de la Reserva Federal. Un recorte de tasas abarataría la deuda nueva de corto plazo y aliviaría parte de la factura de intereses; una inflación que repunte y lo impida la mantendría creciendo. Las tasas largas, en todo caso, dependen más de los inversionistas que de la Fed.
- El techo de la deuda, hacia 2027. Es la próxima instancia formal en que el Congreso tendrá que votar sobre el endeudamiento, y el historial reciente —lo elevó US$5 billones (US$5 trillion) sin un plan de reducción del déficit— es el punto de partida de esa discusión.
Esto es educación, no asesoría personalizada: cada decisión de crédito o inversión depende de los números y circunstancias de quien la toma.
Fuentes
Esto es educación financiera, no asesoría personalizada. Evalúa tus propios números y, si lo necesitas, consulta a un profesional antes de decidir.