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Análisis

Opinión

El dato que nadie puede maquillar: cuánto le cobran a Estados Unidos por prestarle dinero

En un mismo año, Estados Unidos despidió a la jefa de las estadísticas de empleo, recortó la recolección de datos de precios y pasó un mes sin tasa de desempleo oficial. La bolsa, mientras tanto, vive de las expectativas de un puñado de empresas. Opinión del editor: el interés que los prestamistas le cobran al Gobierno es la señal más difícil de manipular, porque nadie la decreta y se negocia cada minuto con dinero real.


¿Cómo va la economía? Cada quien responde mirando un número distinto. Unos miran la bolsa, otros el precio del dólar, otros la tasa de desempleo o la inflación. Todos esos números cuentan algo. Pero hay uno que resume, cada minuto y sin que nadie pueda retocarlo, cuánta confianza le tiene el mundo a un país: el interés que le cobran a su gobierno por prestarle dinero.

Esa es la opinión que defiende este artículo, así que mejor decirla completa de una vez. La bolsa puede subir mientras millones pierden el empleo. El dólar puede moverse por razones que nada tienen que ver con Estados Unidos. Las cifras oficiales de empleo e inflación dependen de agencias con presupuesto, metodología y jefes que se pueden cambiar. El mercado donde se le presta dinero al Gobierno no tiene jefe, no tiene metodología que retocar y casi nunca cierra. Es oferta y demanda en su versión más elemental: oferta y demanda de confianza.

Vamos indicador por indicador.

El año en que 20 millones perdieron el empleo y la bolsa subió 16%

Ese año fue 2020. En la primavera, más de 20 millones de personas perdieron su empleo en Estados Unidos y el desempleo tocó 14,8%, el nivel más alto desde que existe el registro mensual. El S&P 500, el índice de las 500 empresas más grandes del país, cerró ese mismo año ganando 16%. La peor recesión en décadas y una bolsa de fiesta, al mismo tiempo.

La explicación está en qué mide cada cosa. La bolsa refleja lo que los inversionistas creen que van a ganar las empresas que cotizan en ella, y ese número puede ir para arriba mientras la vida de la mayoría va para abajo: en 2020, las empresas recortaron costos a punta de despidos, el gobierno inyectó billones en estímulos y las tecnológicas facturaron más que nunca con todo el mundo encerrado.

Hay más razones para esa desconexión. El índice está cada vez más concentrado: un puñado de empresas tecnológicas, empujadas por la promesa de la inteligencia artificial, pesa tanto que puede sostener todo el índice mientras el resto se estanca. Ya dedicamos un análisis completo a esa concentración. Y millones de hogares no tienen una sola acción: para ellos, la bolsa es un número en las noticias, no su patrimonio.

La bolsa dice mucho sobre el humor de los inversionistas y las ganancias corporativas. Sobre la economía de tu casa dice bastante menos.

El dólar compara dos economías a la vez

El precio del dólar tampoco sirve como termómetro limpio, porque nunca habla solo de Estados Unidos. Un tipo de cambio compara dos economías: si el dólar sube frente al euro, puede ser porque a Estados Unidos le va bien o porque a Europa le va mal. El mismo movimiento cuenta dos historias opuestas.

El dólar además cumple un papel único en el mundo: es la moneda refugio. Cuando hay pánico global, los inversionistas compran dólares casi por reflejo, incluso si el problema nació en Estados Unidos. El resultado es una señal que a veces dice lo contrario de lo que está pasando.

El primer semestre de 2025 fue el mejor ejemplo: el dólar tuvo su peor arranque de año en más de cinco décadas mientras la bolsa rompía récords. ¿Cuál de los dos decía la verdad sobre la economía? Los dos y ninguno: miden cosas distintas.

Las cifras oficiales dependen de quién las produce

Las estadísticas de empleo y de inflación las produce gente. Detrás de cada dato hay una agencia con presupuesto, encuestadores, una metodología y un director nombrado por el poder político. En condiciones normales eso funciona, y las cifras de Estados Unidos fueron durante décadas de las más confiables del mundo. Pero en los últimos años quedó claro que esa confiabilidad no está garantizada.

En agosto de 2025, el presidente Trump despidió a la comisionada de la Oficina de Estadísticas Laborales (BLS), la agencia que produce las cifras de empleo y de inflación, horas después de que un informe mostrara que la creación de empleo venía siendo mucho más débil de lo publicado. Ese mismo año, la agencia había reducido la recolección de precios en varias ciudades por falta de personal y presupuesto, y el cierre del gobierno de octubre y noviembre dejó huecos en las series: hubo un mes sin tasa de desempleo oficial.

Y no hace falta imaginarse ninguna conspiración para ver el problema. Si el dato depende de una agencia, el dato hereda las presiones de la agencia: recortes, vacantes, cambios de metodología, jefes que llegan y se van por razones políticas.

Y hay gobiernos que fueron más allá y maquillaron las cifras de frente. Argentina lo hizo durante casi una década: entre 2007 y 2015, su instituto de estadísticas publicó una inflación oficial cercana al 10% anual mientras las mediciones privadas marcaban 25% o más. El engaño fue tan evidente que en 2013 el Fondo Monetario Internacional censuró al país por sus datos, la primera censura de ese tipo en la historia del organismo.

Oferta y demanda de confianza

Ahora sí, el indicador del que trata este artículo.

El Gobierno de Estados Unidos gasta más de lo que recauda y financia la diferencia pidiendo prestado. Lo hace vendiendo bonos del Tesoro: papeles que prometen devolver el dinero en un plazo (meses, años o décadas) pagando un interés, el monto adicional que recibe quien presta, además de la devolución de lo prestado. Ya contamos quiénes son esos prestamistas y por qué el mayor extranjero es Japón.

La pregunta clave es quién decide ese interés. Y la respuesta es: nadie y todos. No lo fija un funcionario ni un comité. Sale de miles de compradores y vendedores — fondos de pensiones, aseguradoras, bancos, gobiernos extranjeros — que negocian esos papeles todos los días con dinero real. Si los prestamistas confían en que Estados Unidos pagará y en que la inflación no se comerá el rendimiento, aceptan un interés bajo. Si desconfían, exigen más. Ese es todo el mecanismo: oferta y demanda de confianza en una economía.

Por eso este número tiene algo que ningún otro indicador de esta lista tiene: no hay a quién despedir para cambiarlo. Se le puede recortar el presupuesto a una agencia de datos; el mercado de bonos no tiene presupuesto. Se puede cambiar la metodología del desempleo; los bonos no tienen metodología, tienen un precio público, visible en tiempo real desde cualquier pantalla del planeta. James Carville, asesor del presidente Clinton, lo dijo en 1993 con una frase que Wall Street sigue repitiendo: si existiera la reencarnación, él querría volver como el mercado de bonos, “porque intimida a todo el mundo”.

Y hay algo más que hace valiosa esta señal. Una encuesta de confianza recoge lo que la gente dice; este mercado recoge lo que hacen quienes viven de administrar dinero, con el ahorro de sus clientes en juego. Y en ese precio quedan sumadas todas las expectativas a la vez: la inflación que viene, las tasas que pondrá la Reserva Federal, el tamaño del hueco fiscal, la probabilidad de que un día el Congreso no pague a tiempo.

Cuando los prestamistas retiran la confianza, caen gobiernos

De lo que pasa cuando esa confianza se pierde hay ejemplos recientes.

El caso más claro es el del Reino Unido en 2022. El 23 de septiembre, el gobierno de la primera ministra Liz Truss anunció un paquete de recortes de impuestos sin explicar de dónde saldría el dinero. Las cifras oficiales no cambiaron ese día y la bolsa se movió poco. Pero los prestamistas hicieron cuentas y empezaron a exigir mucho más interés por prestarle al país: en tres días hábiles, la tasa de los bonos británicos a 30 años saltó de cerca de 3,6% a rozar el 5%, un movimiento que normalmente toma años. El Banco de Inglaterra tuvo que salir a comprar bonos de emergencia para frenar una espiral que estaba a punto de tumbar fondos de pensiones. A las tres semanas del anuncio, el ministro de Finanzas estaba en la calle, y Truss renunció sin completar dos meses en el cargo. Ningún dato de desempleo tumbó a ese gobierno. Lo tumbó el interés que le cobraban por prestarle.

1 sep: 3,1% 3,1% 1 sep 22 sep: 3,6% 22 sep 23 sep: 4% 23 sep 27 sep: 5% 5% 27 sep 28 sep: 4,1% 4,1% 28 sep
Cinco días hábiles le bastaron al mercado para cobrar la desconfianza: el anuncio fue el 23 de septiembre y el 28 el Banco de Inglaterra tuvo que intervenir de emergencia. Fuente: Banco de Inglaterra y datos de mercado del bono británico a 30 años, septiembre de 2022 (trayectoria simplificada)

Estados Unidos también recibió avisos recientes. En abril de 2025, tras el anuncio de aranceles generalizados, la tasa del bono a 10 años saltó medio punto en cuestión de días; el propio presidente Trump reconoció que el mercado de bonos se había puesto “nervioso” cuando justificó la pausa de 90 días que anunció después. La bolsa llevaba días cayendo sin que eso cambiara la decisión; los bonos lo consiguieron en una semana. Y en mayo de ese año, Moody’s le retiró a Estados Unidos su última calificación crediticia perfecta citando el crecimiento de la deuda y de sus intereses; días después, el bono a 30 años se vendía pagando más de 5%, una tasa que no se veía desde 2007.

Qué tiene que ver contigo

Y esta señal no se queda en la teoría: te llega al bolsillo. La tasa del bono del Tesoro a 10 años es la referencia sobre la que se montan las hipotecas a 30 años, buena parte de los préstamos de carro y el costo del crédito en general. Tu hipoteca es, en esencia, esa tasa más el margen que cobran los bancos.

Bono del Tesoro a 10 años: 5% 5% Bono del Tesoro a 10 años Hipoteca promedio a 30 años: 7% 7% Hipoteca promedio a 30 años
La hipoteca promedio a 30 años se construye sobre la tasa del bono a 10 años, más el margen bancario. Cifras a julio de 2026. Fuente: Reserva Federal de St. Louis (FRED, serie DGS10) y Freddie Mac, encuesta semanal de tasas hipotecarias

Por eso la desconfianza en los bonos no se queda en Wall Street. Cuando los prestamistas del Gobierno exigen más interés, el banco que te presta a ti también, porque compite por el mismo dinero. Un punto más en la tasa del bono a 10 años le suma unos US$235 al pago mensual de una hipoteca nueva de US$350.000; la cadena completa la contamos en el análisis sobre Japón.

Lo que esta señal no te dice

Esta opinión también tiene sus peros, y hay que decirlos.

El primero: la señal se puede distorsionar, aunque no maquillar. Cuando un banco central compra masivamente los bonos de su propio gobierno, baja el interés de manera artificial. Japón mantuvo su tasa de largo plazo pegada a cero durante años a punta de compras, y la Reserva Federal compró bonos por billones de dólares después de 2008 y de 2020. La diferencia con el maquillaje estadístico es que esta distorsión es pública, medible y tiene costo: tarde o temprano aparece en la inflación o en la moneda. Un gobierno puede sentarse sobre el termómetro, pero el calor sale por otro lado.

El segundo: los bonos miden la confianza de los acreedores, no el bienestar de las familias. Una economía puede ser perfectamente confiable para sus prestamistas mientras a sus trabajadores les alcanza cada vez menos. El mercado de bonos responde una sola pregunta, y la responde con precisión: cuánta confianza le tienen a este país quienes arriesgan dinero en él. Para saber cómo vive la gente siguen haciendo falta las estadísticas de siempre, y por eso hay que cuidar las agencias de datos, aunque este artículo defienda que los bonos son la señal más difícil de tapar.

El tercero: en el corto plazo hay ruido. Un salto de una semana puede deberse a una subasta floja o a fondos deshaciendo apuestas, no a un cambio de fondo en la confianza. La señal está en los movimientos sostenidos, no en el día a día.

Cómo leer esta señal por tu cuenta

La ventaja de este indicador es que es gratis y público. La tasa del bono a 10 años se consulta en la base de datos de la Reserva Federal de St. Louis (la serie se llama DGS10) o en cualquier portal financiero, sin cuenta ni suscripción. Tres lecturas útiles:

  1. Si sube sostenidamente sin que la Reserva Federal haya movido sus tasas, los prestamistas están exigiendo más por su cuenta. Esa divergencia suele anticipar hipotecas y crédito más caros.
  2. Si el discurso oficial dice una cosa y el interés de los bonos dice otra, el historial favorece a los bonos: ahí opinan los que arriesgan dinero, no los que dan declaraciones.
  3. Si estás pensando en comprar casa o refinanciar, esa tasa te avisa antes que el banco: la hipoteca que te van a ofrecer se mueve con ella.

Esto es educación, no asesoría: es la opinión del editor sobre qué señal mirar para entender la economía, no una recomendación de inversión; evalúa tus números y tu caso antes de decidir.

Fuentes

Esto es educación financiera, no asesoría personalizada. Evalúa tus propios números y, si lo necesitas, consulta a un profesional antes de decidir.


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