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Qué es el informe de empleo de Estados Unidos y por qué mueve los mercados

El informe mensual de empleo de Estados Unidos reúne dos encuestas distintas: una cuenta los puestos que declaran los empleadores y otra calcula la tasa de desempleo. Sus resultados pueden apuntar en direcciones opuestas y cambian lo que el mercado espera de la Reserva Federal.


El informe de empleo de Estados Unidos es la publicación mensual con la que el Gobierno estadounidense mide cuántos puestos de trabajo declaran los empleadores y cuántas personas buscan trabajo sin encontrarlo. Su nombre oficial es The Employment Situation y lo publica la Oficina de Estadísticas Laborales —Bureau of Labor Statistics, o BLS—, la agencia estadística del Departamento de Trabajo. Suele salir el primer viernes de cada mes y describe el mes anterior.

Es el dato que más rápido mueve precios en el mercado estadounidense, y no porque contenga una cifra secreta. Su efecto viene de que reordena lo que los inversionistas esperan de la Reserva Federal, el banco central de Estados Unidos.

Dos encuestas que miden cosas distintas

El informe reúne los resultados de dos encuestas independientes que se hacen en el mismo mes.

La primera pregunta a empresas y entidades públicas cuántas personas tienen en nómina. De ahí sale la cifra de nóminas no agrícolas —nonfarm payrolls—, además de las horas trabajadas y el salario promedio por hora.

La segunda pregunta a los hogares si sus miembros trabajaron, si buscaron trabajo y en qué condiciones. De ahí salen la tasa de desempleo, la tasa de participación y la proporción de la población que tiene empleo.

Como son muestras distintas con definiciones distintas, sus resultados pueden apuntar en direcciones opuestas el mismo mes. Una persona con dos empleos aparece dos veces en la encuesta a empleadores y una sola vez en la de hogares. Un trabajador por cuenta propia sin empresa constituida figura como ocupado en la encuesta a hogares y no aparece en las nóminas. Por eso el titular de un mes puede decir que se perdieron puestos mientras el titular del otro dato dice que el desempleo bajó.

Qué cuentan las nóminas no agrícolas

El nombre señala lo que queda por fuera. No entran el trabajo agrícola, el empleo doméstico, los trabajadores por cuenta propia sin empresa constituida, los familiares que trabajan sin remuneración ni los militares en servicio activo. Sí entran los puestos de las empresas privadas y los de los gobiernos federal, estatales y locales.

La cifra que titula es un cambio neto: la diferencia entre los puestos que aparecieron y los que desaparecieron en todos los sectores. Un número pequeño puede esconder movimientos grandes en direcciones opuestas.

En julio de 2026, las nóminas no agrícolas cayeron en 23.000 puestos, ajustadas por estacionalidad. El consenso de analistas de Dow Jones esperaba un aumento de 83.000. Dentro de ese neto, el empleo privado sumó 30.000 puestos y el del Gobierno restó 53.000, sobre todo en la educación pública local. La salud sumó 22.000 y la construcción otros 22.000; el ocio y la hotelería perdieron 40.000, el comercio minorista 19.000 y las actividades financieras 14.000.

El ajuste por estacionalidad corrige los movimientos que se repiten cada año en las mismas fechas —contrataciones de fin de año en el comercio o el calendario escolar en la educación— para que un mes pueda compararse con el anterior. Ese ajuste también puede fallar: Indeed Hiring Lab señaló que buena parte de la caída del empleo público de julio podría deberse a un desajuste del proceso estacional o a un cambio en el calendario habitual de contratación, y revertirse en el informe siguiente.

Cómo se define quién está desempleado

La tasa de desempleo no mide cuántas personas no tienen trabajo. Mide qué proporción de la fuerza laboral no tiene trabajo y lo está buscando.

Para la encuesta a hogares, una persona está desempleada si cumple tres condiciones a la vez: no tuvo empleo, estaba disponible para trabajar y buscó de forma activa durante las cuatro semanas anteriores. Quien no cumple las tres queda fuera de la fuerza laboral, que es la suma de las personas ocupadas y las desempleadas. La tasa de desempleo es el segundo grupo dividido por esa suma. La tasa de participación mide qué parte de la población en edad de trabajar está dentro de la fuerza laboral.

De esas definiciones sale una consecuencia aritmética. Supongamos una población de 100 personas en edad de trabajar, con 60 ocupadas y 4 desempleadas: la fuerza laboral es de 64 y la tasa de desempleo es 6,25%. Si dos de esas cuatro personas dejan de buscar trabajo, siguen sin empleo, pero salen de la fuerza laboral: ahora hay 62 personas en ella y 2 desempleadas, así que la tasa cae a 3,2%. El supuesto del ejemplo es que nadie consiguió empleo. Lo único que cambió fue quién cuenta como desempleado.

Cuando la tasa baja porque la fuerza laboral se encoge

Eso es lo que conviene revisar cuando la tasa mejora en un mes malo. En julio de 2026 la tasa de desempleo bajó a 4,1%. En el mismo informe, el empleo medido por la encuesta a hogares cayó en 87.000 personas y la fuerza laboral se redujo en 264.000. La tasa de participación quedó en 61,4%, su nivel más bajo en más de cinco años y, fuera del periodo de la pandemia, el más bajo desde mediados de 1976. La proporción de la población con empleo bajó a 58,9%, el nivel más bajo desde mayo de 2014.

Bill Adams, economista jefe para Estados Unidos de Fifth Third Commercial Bank, escribió que la tasa está bajando “sobre todo por la razón equivocada: no hay suficientes trabajadores”, y atribuyó el fenómeno al fin del aporte migratorio que durante los primeros años de la expansión pospandemia compensaba el envejecimiento de la fuerza laboral.

La lectura no es unánime. Indeed Hiring Lab observó que la caída de la tasa no vino acompañada de un desplome de la participación entre las personas en edad central de trabajar, el grupo que los analistas siguen para separar el efecto del envejecimiento: ese indicador se había hundido de 83,9% a 83,3% en junio y en julio recuperó algo de terreno, hasta 83,4%.

Las dos lecturas caben en el mismo informe porque una tasa de desempleo más baja puede reflejar que hay más gente trabajando o que hay menos gente buscando. Distinguirlas exige mirar la participación, la proporción de población ocupada y las medidas más amplias de subempleo. Una de esas medidas incluye a quienes dejaron de buscar por desánimo y a quienes trabajan medio tiempo porque no consiguen jornada completa; en julio de 2026 se mantuvo en 7,9%.

Los salarios y las revisiones

El informe también publica el salario promedio por hora, que sirve para estimar si el costo del trabajo empuja los precios. En julio de 2026 subió 2 centavos y su variación de los últimos doce meses bajó a 3,2%, por debajo del 3,5% que esperaban los analistas y el registro más bajo desde mayo de 2021.

Las cifras de nóminas no son definitivas. Cada mes se revisan las de los dos meses anteriores a medida que llegan más respuestas de los empleadores. Con el dato de julio, las revisiones restaron 103.000 puestos a mayo y junio en conjunto: junio quedó en 20.000 y mayo en 63.000, unos 66.000 menos que la estimación previa. Con esas correcciones, el promedio de creación de empleo de los últimos doce meses quedó en 34.000 puestos por mes.

Por eso un solo mes dice poco. El promedio de varios meses y la dirección de las revisiones dicen bastante más.

Por qué un dato débil de empleo puede subir la bolsa

El precio de una acción o de un bono no reacciona al dato en sí, sino a la distancia entre el dato y lo que el mercado ya daba por hecho, y a lo que esa distancia implica para las tasas de interés.

Un banco central sube su tasa de referencia para enfriar la demanda y la baja para estimularla. Cuando el empleo se debilita, el argumento para subirla pierde fuerza y el de bajarla gana terreno. Una tasa más baja abarata el crédito de las empresas y hace que los rendimientos de los bonos del Tesoro compitan menos con las acciones. De ahí que un informe malo pueda empujar hacia arriba los índices bursátiles y hacia abajo los rendimientos de la deuda. Indeed Hiring Lab describió ese patrón con la experiencia del último año: durante buena parte de él, las malas noticias de empleo fueron buenas noticias para los mercados, porque acercaban un recorte de tasas de la Reserva Federal.

Julio de 2026 sirve para ver el mecanismo con fechas concretas. El 29 de julio, la Reserva Federal mantuvo su tasa de referencia en un rango de 3,5% a 3,75% por quinta reunión consecutiva. La decisión se aprobó por 9 votos contra 3: los presidentes de los bancos regionales de Cleveland, Minneapolis y Dallas discreparon a favor de subirla un cuarto de punto. La inflación seguía muy por encima de la meta de 2% del banco central y varios funcionarios se habían pronunciado a favor de un alza en septiembre si los precios no cedían.

Nueve días después llegó el informe de empleo. Tras conocerse, la probabilidad implícita en los futuros de un movimiento de tasas en septiembre bajó a 44% y la de octubre a 58,3%, según el indicador FedWatch de CME Group. Los rendimientos de los bonos del Tesoro se desplomaron y los futuros de las acciones subieron. Chris Zaccarelli, director de inversiones de Northlight Asset Management, resumió el cambio: antes del dato, muchos daban por hecho que la Fed no tendría más remedio que subir las tasas para enfrentar una inflación persistente, porque el mercado laboral estaba fuerte; el informe mostró que ese supuesto ya no se sostenía.

La subida de las acciones no celebró la pérdida de empleos. Reflejó que un escenario de tasas más altas, que ya estaba incorporado en los precios, se volvió menos probable.

La relación tampoco es fija. El mismo dato débil puede hundir la bolsa cuando la preocupación dominante es una recesión y no la inflación: entonces un empleo que se enfría anticipa menos ventas y menos ganancias, y eso pesa más que la expectativa de tasas. Indeed Hiring Lab apuntó ese riesgo en el mismo informe: con la inflación todavía firme, la debilidad del mercado laboral deja ver cuán poco margen quedaría si el banco central se viera obligado a endurecer su política en medio de una desaceleración.

Los límites del informe

El informe es una fotografía construida con muestras, no un censo. Tiene error de muestreo, depende del ajuste estacional y se corrige en los dos meses siguientes, además de una revisión anual que reajusta la serie con registros administrativos.

Tampoco responde todas las preguntas sobre el empleo. Un cambio neto no dice quién perdió el puesto, cuánto tardará en encontrar otro ni si el nuevo paga lo mismo. Y ninguna de sus cifras anticipa por sí sola la decisión del banco central, que mira además la inflación, el crecimiento y sus propias proyecciones.

Leer el informe consiste en cruzar sus piezas: el cambio neto de nóminas junto a sus revisiones, la tasa de desempleo junto a la participación y la proporción de población ocupada, y el conjunto frente a lo que el mercado ya esperaba.

Esto es educación, no asesoría: el informe explica cómo se mide el empleo y por qué esa medición cambia las expectativas de tasas, no qué hacer con una inversión.

Fuentes

Esto es educación financiera, no asesoría personalizada. Evalúa tus propios números y, si lo necesitas, consulta a un profesional antes de decidir.


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